jueves, marzo 30

La naturaleza humana y otras transformaciones.

                                            ENTRADA MODIFICADA.  

¡Hola! Como os prometí he seleccionado unos cuentos, al final, en vez de tres han sido cuatro. Espero que os guste releerlos de nuevo. Antes de seleccionar los vuestros esperad a que todos los hayan publicado. Creo que lo harán a lo largo de las vacaciones o al regresar. A la vuelta también haremos las exposiciones, aunque después de unos días.  
 Algo importante es que he comprobado que no es fácil conseguir El color púrpura. Por ello he decido abrir el abanico de posibilidades y también podéis leer en su lugar una de las dos obras:
El GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO. EL DIARIO DE ANA FRANK Estas sí son muy fáciles de encontrar en cualquier librería. Además el éxito está asegurado porque son de gran calidad, pero, además,  best sellers absolutos. Felices vacaciones. 




  Os dejo el cuento que he escrito para la actividad a partir de la lectura de La Metamorfosis. Como recordaréis, el cuento tenía que hacer referencia a un "mal despertar", es decir, alguien se despierta y lo que siente o ve no es agradable, o incluso es insoportable o terrorífico. Para comenzar pusimos en la pizarra unas frases: las bombas estaban cayendo, no podía moverse, el/ella no estaba allí, no reconocía la habitación, no sabía quien era o dónde estaba, era su último día, el tigre seguía allí... y otras. La que he escogido yo es la última que he mencionado. Me han interesado muchísimo vuestros ejercicios narrativos. Haré un enlace a esta misma entrada, al final, con algunos de ellos, no obstante, de nuevo os invito a leerlos a través de los blogs y a hacer comentarios. También me encantaron vuestras aportaciones sobre La Metamorfosis. Y es que uno/a nunca sabe en qué se va a convertir o en qué le van a hacer aceptar convertirse...

  ¡Ah!  y cómo parece que los tigres son un subtema de mis clases este año... (lo digo por el poema de Blake) os sugiero también la lectura de uno de los excelentes cuentos de Horacio Quiroga: Juan Darién.  Lo podéis encontrar en la biblioteca virtual universal,  ir a:
www.biblioteca.org.ar/libros/1749.pdf  (No está permitido en esta web hacer enlaces directos por derechos de autor)



                                            LA HORA DE COMER.

Se despertó. Se había quedado dormido quizá unos minutos, o segundos. Ese instante en el que el cuerpo parece estar vencido, rendirse, alejarse y decir: basta, todo es inútil. Entonces lo recordó. No tenía aún memoria en su pequeño cuerpo, pero lo recordó. Miró hacia abajo: El tigre seguía ahí. Podía trepar hacia ella en cualquier momento, pero no lo hacía. Rondaba, vigilante, nervioso, con esa inquietud desasosegante que produce el hambre. En los más alto del árbol estaba la cría. Agarrada aún a las ramas con las últimas fuerzas del instinto. Aún podía ver los ojos del tigre resplandecientes en la noche que ya se difuminaba con las primeras luces del sol, filtrándose entre las ramas. Lo miró fijamente, casi sin parpadear hasta que sus ojos se le cerraron de nuevo y una mano cedió. El tigre pudo verla a distancia, temblar, agitarse y empezar a caer, rama tras rama cuando mi gata se despertó de su siesta con un bostezo enorme. Ahí estaba, flexionando todo su cuerpo como una gimnasta, desperezándose sobre la alfombra. Dejé de escribir. Extendí mi mano para acariciarla y ella me respondió con un ronroneo de placer. Cerré los ojos. No quería escribir el final. No podía. Intenté dormir. Pero el tigre seguía ahí. Dentro de mi mente. La cría de mono, tan parecida a nosotros, abría entonces desmesuradamente sus grandes ojos y gritaba, un grito que sacudía el silencio abrumador de la selva. Pude ver entonces al tigre comenzar a trepar por el tronco del árbol. Se acercaba. La luz del sol comenzó inundar la escena. Repentinamente, un golpe, un dolor agudo, una sacudida en su torso le hizo retroceder, incrustar la garra en la madera, que crujió secamente, al tiempo que emitía un sonido gutural, la sorpresa y el miedo brotando de su garganta. Al primer impacto le siguieron otros, más y más, hasta hacerle caer a tierra. El grupo de monos le rodeó y siguió golpeándole con piedras y palos hasta convertirlo en una masa informe de huesos, sangre y carne. La madre corrió a buscar a la cría que se agarró con fiereza a su pecho. Una mirada entre ambas y sus corazones, al unísono, comenzaron a latir más y más lentamente, recuperando el sosiego. Eso había sido. Así lo escribiría. Pero, había algo más. A cierta distancia, sí, algo más. Guarecidos entre unos arbustos había cuatro pequeños tigres sollozando, esperando el regreso de su madre. Para ellos todo había terminado. Iba a sentarme a escribir cuando mi gata maulló. Miré sus ojos, casi vítreos, y comprendí lo que quería. No hacían falta palabras. Era la hora de comer.




  Os adjunto enlaces con algunos cuentos que he seleccionado. Hay más que me han gustado mucho, pero hoy me he decidido por estos.
Cuento de Iria.  Andrea. Claudia Óscar Sandra


 






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